Darrel Menthe: Sobreponiendonos a la Crisis de Vivienda en Culver City

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Darrel Menthe

En la manera usual en que se hace referencia a ella, la cuenca de Los Ángeles de mediados del siglo 20 era un paraíso de espacios abiertos y huertos de naranjos, un paisaje infinito de casas de ranchos suburbanos y autopistas sin congestionamientos de tránsito. Si el sueño americano era algo abstracto, el sueño Californiano era algo tangible. Para Culver City, el pasado mítico yace en algún lugar entre Mayberry, una pintura de David Hockney y el brillo de la pantalla plateada del cine. Pero la manera en la que usualmente se cuenta algo, no lo dice todo. El sueño Californiano no era para todos. California ha sido un lugar de conflicto, escasez, lucha y exclusión. Culver City no es la excepción. Algunos atardeceres dejan detrás largas sombras.

Hoy estamos entrando a una nueva fase de nuestra historia, a la cual deberíamos aproximarnos con una mirada clara, sin crear mitos. En el siglo 21, Culver City se encuentra enclavada en una metrópoli en crecimiento, apretada entre las montañas y el mar. Los gigantes multinacionales de los medios de comunicación han elegido a Culver City para instalar sus sedes, y la ciudad está recuperando su lugar como un centro creativo. Sin embargo, nuestras políticas de vivienda excluyentes se conservan como una reliquia del siglo pasado. De acuerdo con la Ciudad de Los Ángeles, la población en el área metropolitana creció a un ritmo mayor en un 42% al crecimiento de la vivienda entre 1980 a 2010. No es para sorprenderse que la vivienda haya escaseado y que tanto las rentas como el precio de las viviendas están hoy en día fuera del alcance de la mayoría de las personas.

Ahora que estamos revisando el Plan General de la Ciudad en revisión, es el momento de reimaginar nuestro futuro. El Culver City del mítico pasado tenía tres características: era pequeño, económicamente accesible, y deseable para vivir. Hoy, no es posible que se logren éstas tres cosas, si es que alguna vez lo fue. Debemos elegir dos. 

Culver City podría, por ejemplo, elegir ser pequeña y económicamente accesible, pero no deseable para vivir. Esto es muy fácil de lograr. Al disminuir los servicios de la ciudad, como el gasto en calles, puentes, parques y escuelas. Entre el deterioro y el crimen, la ciudad sería un lugar no deseable para vivir, pero pequeño y económicamente accesible. Puedo predecir con seguridad que nadie quiere ir en esa dirección.

Otra opción es que Culver City sea una ciudad pequeña y deseable para vivir, pero no económicamente accesible. Esta es la dirección en la que Culver City se encuentra hoy en día, avanzando aceleradamente como un tren bala hacia un futuro excluyente por el costo tan alto de la viviendo. Si no hacemos nada, nos convertiremos, como le pasó a Palisades, a San Marino o hasta a Beverly Hills, en lugares monocromáticos, vaciados de vitalidad y diversidad, donde sólo a los ricos y a los viejos les alcanza para vivir. Si no abordamos los temas del precio y la disponibilidad de la vivienda, también se ve amenazado nuestro sentido de comunidad. Las políticas excluyentes de discriminación por zonas o raciales tal vez hayan quedado atrás pero haríamos poco para mejorar si permitimos que los costos de la vivienda hagan el trabajo del desplazamiento y la segregación. Igual de mal, estaríamos dejando fuera a nuestros propios hijos, debido al precio.

La tercera opción, por tanto, es la mejor opción para Culver City. Culver City puede ser accesible económicamente y deseable para vivir, pero tendremos que adaptarnos y crecer un poco. Ya se han construido suficientes espacios comerciales. Ahora es tiempo de darle prioridad a la vivienda en Culver City. Debemos corregir la gran diferencia que hay entre el crecimiento de la población y la oferta de vivienda con la que contamos.

Lo que necesitamos sobre todo es una nueva visión que permita que exista más de un solo tipo de sueño Californiano. No solo se necesita un casa rancho en desniveles al final de un callejón, a la que llegar después de un viaje de trabajo de 90 minutos, sino también un departamento en la ciudad con fácil acceso peatonal y en medios de transporte pequeños al mercado de productos de granjas sustentable, a la tienda local de comestibles, a la escuela, al parque, a la playa y al teatro. Un lugar económicamente accesible para la diversidad de personas que trabajan en nuestra comunidad.

Todo esto está a nuestro alcance. Tenemos amplios corredores comerciales con construcciones bajas de uno o dos niveles, pero cero vivienda. De manera similar encontramos hileras de complejos de departamentos tipo fortaleza, sin un lugar para comprar y sentarse a tomar una taza de café. Estos son lugares que podemos comenzar a reinventar como vecindarios. En los corredores comerciales de otras ciudades pequeñas hay tres o cuatro niveles de departamentos o condominios arriba del nivel de planta baja en el que hay comercios o espacios para oficinas, pequeñas tiendas de alimentos y cafés. Imaginen que nuestras avenidas se sintieran como espacios públicos, no como fosas. Combinando esto con el no dejar de lado usos de suelo incluyentes y vivienda económicamente accesible, podemos empezar a construir nuestro Culver City del siglo 21 que funcione para todos. De manera aún más importante, podemos hacer todo esto sin desplazar a nadie y sin quitarle valor a nuestras zonas residenciales existentes. Vivir en las partes más urbanizadas de Culver City no será lo que todos buscan, pero necesitamos que exista esa opción. Los vecindarios en los que se puede caminar, andar en bicicleta y que tengan acceso a sistemas de transporte público le darán vitalidad a nuestros distritos comerciales y re-establecerán el muy requerido sector medio de nuestro mercado de vivienda. Nuestra pequeña ciudad puede poner el ejemplo para todo el oeste de Los Ángeles. 

Ahora es el momento. Mientras escribo esto, Culver City está experimentando con el cierre de algunas calles del centro para devolver el espacio público a la gente. La manera en que resolvamos la crisis de vivienda será la misma: audaces esfuerzos que dejen en el pasado a la creación de mitos.   

– Darrel Menthe

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